Cuando Marta Sanmamed me entregó su libro para escribir una recensión —ella, que ya había reunido tantas opiniones femeninas— y me lo ofreció “porque eres hombre”, me sentí, lo confieso, halagado.

Cuando Marta Sanmamed me entregó su libro para escribir una recensión —ella, que ya había reunido tantas opiniones femeninas— y me lo ofreció “porque eres hombre”, me sentí, lo confieso, halagado.