Mientras escribo estas impresiones desde el antiguo solanar de mi casa, contemplo el paisaje único e irrepetible de la montaña que custodia la parte sur del valle del Guadalope, donde se asienta Aliaga. La mañana es fresca y apacible.
Mientras escribo estas impresiones desde el antiguo solanar de mi casa, contemplo el paisaje único e irrepetible de la montaña que custodia la parte sur del valle del Guadalope, donde se asienta Aliaga. La mañana es fresca y apacible.