Hay olvidos que cuestan un disgusto y otros que terminan convirtiéndose en una anécdota. Lo llamativo es que, cada año, decenas de miles de personas repiten exactamente el mismo gesto: bajarse de un coche convencidas de que no dejan nada atrás.

Hay olvidos que cuestan un disgusto y otros que terminan convirtiéndose en una anécdota. Lo llamativo es que, cada año, decenas de miles de personas repiten exactamente el mismo gesto: bajarse de un coche convencidas de que no dejan nada atrás.