Mira, Jesús, yo a ti siempre te he llamado Arturo. Un día, cuando hablábamos de Shangrila, Miguel Ángel me dijo: "Perdona, Carmen, hace tiempo que te lo quería preguntar: ¿por qué le llamas Arturo?".

Mira, Jesús, yo a ti siempre te he llamado Arturo. Un día, cuando hablábamos de Shangrila, Miguel Ángel me dijo: "Perdona, Carmen, hace tiempo que te lo quería preguntar: ¿por qué le llamas Arturo?".