Las indiscutibles constantes intimidaciones llegan desde la soledad y el silencio. Están -y acechan- en mi lágrima, en mi desvelo, en mi culpa, en mi fatiga.

Las indiscutibles constantes intimidaciones llegan desde la soledad y el silencio. Están -y acechan- en mi lágrima, en mi desvelo, en mi culpa, en mi fatiga.