El último día que hablé contigo el agua era cálida y su invitación a entrar en ella, difícil de rechazar. Apenas se movían las olas y que estuviera nublado, humanizaba a agosto en el infierno.
El último día que hablé contigo el agua era cálida y su invitación a entrar en ella, difícil de rechazar. Apenas se movían las olas y que estuviera nublado, humanizaba a agosto en el infierno.