Ni la oreja del peruano ni la vuelta al ruedo del sevillano evitan el volquete de sopor que trajo a La Maestranza una corrida de Domingo Hernández de pobre seriedad -una escalera- y deslucida mansedumbre el día después de Morante

Ni la oreja del peruano ni la vuelta al ruedo del sevillano evitan el volquete de sopor que trajo a La Maestranza una corrida de Domingo Hernández de pobre seriedad -una escalera- y deslucida mansedumbre el día después de Morante