Después de diez horas sentado y aguantando el dolor de la aguja con tinta, Raúl G., un valenciano de 25 años, asegura que está reventado, pero no se arrepiente.

Después de diez horas sentado y aguantando el dolor de la aguja con tinta, Raúl G., un valenciano de 25 años, asegura que está reventado, pero no se arrepiente.