Roma no es una ciudad, sino una idea: la forma que encontró el tiempo para no desaparecer. Bajo sus calles cada capa conserva lo que fuimos; sobre ellas cada mirada inventa lo que permanece.

Roma no es una ciudad, sino una idea: la forma que encontró el tiempo para no desaparecer. Bajo sus calles cada capa conserva lo que fuimos; sobre ellas cada mirada inventa lo que permanece.