España era, hasta finales de la década pasada, una excepción entre muchos de sus vecinos europeos porque, al culminar el proceso de Transición, no quedaba rastro de la extrema derecha en el Parlamento.

España era, hasta finales de la década pasada, una excepción entre muchos de sus vecinos europeos porque, al culminar el proceso de Transición, no quedaba rastro de la extrema derecha en el Parlamento.