Has doblado las rodillas del miedo, con la lluvia que moja la estela que trazas en las columnas del aire vuelves a la estéril quietud de los relojes pétreos.
Has doblado las rodillas del miedo, con la lluvia que moja la estela que trazas en las columnas del aire vuelves a la estéril quietud de los relojes pétreos.