Ayer por la mañana, tras mucho insistir, recibí finalmente un correo en el que se usaba graciosamente el adverbio "ya": no es posible "ya", por problemas de aforo. Qué oportuna e increíble excusa, ¿verdad?, como si fuésemos tontos.

Ayer por la mañana, tras mucho insistir, recibí finalmente un correo en el que se usaba graciosamente el adverbio "ya": no es posible "ya", por problemas de aforo. Qué oportuna e increíble excusa, ¿verdad?, como si fuésemos tontos.