Mi vuelo, si todo iba bien, saldría del Aeropuerto JFK a las doce en punto. Allí, en aquel apartamento ajado del West Village, ya no quedaba nada que me recordara, pues todo había quedado embalado en cajas de cartón de la compañía de mudanzas.
Mi vuelo, si todo iba bien, saldría del Aeropuerto JFK a las doce en punto. Allí, en aquel apartamento ajado del West Village, ya no quedaba nada que me recordara, pues todo había quedado embalado en cajas de cartón de la compañía de mudanzas.