La chica del subte B La pequeña tenía unos diez u once años, subía al subte B en la estación Medrano, sonreía con carita angelical vendiendo ramitos de flores, todos los días entonaba su cantito: “Flores, florcitas, para las chicas bonitas”.

La chica del subte B La pequeña tenía unos diez u once años, subía al subte B en la estación Medrano, sonreía con carita angelical vendiendo ramitos de flores, todos los días entonaba su cantito: “Flores, florcitas, para las chicas bonitas”.