La inmensidad. Azul sí, azul, pero también tornasolada, una amalgama casi infinita donde se ha diluido el celeste, el verdor que nace de lo recóndito y el violeta contagiado de los espacios celestes.
La inmensidad. Azul sí, azul, pero también tornasolada, una amalgama casi infinita donde se ha diluido el celeste, el verdor que nace de lo recóndito y el violeta contagiado de los espacios celestes.