El ghanés Gabriel Agyapong vive junto a su mujer y su hijo de ocho meses en un pequeño habitáculo contiguo al invernadero en el que trabaja. Cada mañana observa desde la puerta las carpas que componen el “mar de plástico”, una extensión de 30.

El ghanés Gabriel Agyapong vive junto a su mujer y su hijo de ocho meses en un pequeño habitáculo contiguo al invernadero en el que trabaja. Cada mañana observa desde la puerta las carpas que componen el “mar de plástico”, una extensión de 30.