Hay algo medio mágico —y medio incómodo— en hablar de “Beastars”. Quizás porque es un animé que, si lo mirás desde afuera, parece un chiste (“animé de furros”), pero si te metés un poquito… te termina mirando a vos.
Hay algo medio mágico —y medio incómodo— en hablar de “Beastars”. Quizás porque es un animé que, si lo mirás desde afuera, parece un chiste (“animé de furros”), pero si te metés un poquito… te termina mirando a vos.