Había un hombre pobre, pero sabio, que con su sabiduría salvó la ciudad. Y de aquel hombre pobre nadie se acordaba (Eclesiastés IX, 15.) Pictura of La Perrière, Guillaume: Morosophie (1553) El mundo sólo se mantiene gracias a la presencia de los justos, puesto que ha sido creado para ellos.
