Vivo en una casa tan hundida en esta dulce ladera del bosque de Cameros, que, como la buscaras desde el cielo, tan camuflada como anda con su peluca del diluvio de los pinos, ni entrecerrando los ojos la encontrarías.

Vivo en una casa tan hundida en esta dulce ladera del bosque de Cameros, que, como la buscaras desde el cielo, tan camuflada como anda con su peluca del diluvio de los pinos, ni entrecerrando los ojos la encontrarías.