El más gordo, de sonrisa bonachona, decía a un vecino mientras comía a dos carrillos sin parar mientes en lo que dejaba encima de la mesa el mozo del mesón.

El más gordo, de sonrisa bonachona, decía a un vecino mientras comía a dos carrillos sin parar mientes en lo que dejaba encima de la mesa el mozo del mesón.