Llega el buen tiempo y, con él, la prisa por el michelín que sobra o la urgencia de embutirse en ese vestido que compramos hace un año y que inexplicablemente ha encogido en el armario.

Llega el buen tiempo y, con él, la prisa por el michelín que sobra o la urgencia de embutirse en ese vestido que compramos hace un año y que inexplicablemente ha encogido en el armario.