¡Qué preciosidad, Carmen, qué preciosidad! Me apena ere rictus de lamento, esa insatisfacción de quien merece tanto amor como el muchísimo que da y queda un día más a la espera.

¡Qué preciosidad, Carmen, qué preciosidad! Me apena ere rictus de lamento, esa insatisfacción de quien merece tanto amor como el muchísimo que da y queda un día más a la espera.