Durante años se ha instalado casi una obsesión por hacer benchmarks a computadores y consolas: medir cuántos cuadros por segundo logran en un juego, cuántos puntos sacan en Cinebench o qué tan rápido renderizan un video.

Durante años se ha instalado casi una obsesión por hacer benchmarks a computadores y consolas: medir cuántos cuadros por segundo logran en un juego, cuántos puntos sacan en Cinebench o qué tan rápido renderizan un video.