San Ignacio de Loyola pensaba, con lógica de soldado, que para servir bien había que contar con buena salud. Estaba el Santo en Roma cuando escribió al padre Miguel Ochoa, un jesuita al que no dejaban vivir por su gracia para sanar a los enfermos.
San Ignacio de Loyola pensaba, con lógica de soldado, que para servir bien había que contar con buena salud. Estaba el Santo en Roma cuando escribió al padre Miguel Ochoa, un jesuita al que no dejaban vivir por su gracia para sanar a los enfermos.