La anciana acariciaba el borde del vaso como si leyera en él los años que no volverían. El perro, con la cabeza apoyada en la mesa, parecía escuchar unas palabras que nadie decía.

La anciana acariciaba el borde del vaso como si leyera en él los años que no volverían. El perro, con la cabeza apoyada en la mesa, parecía escuchar unas palabras que nadie decía.