—Mil quince. ¿Y si lo dejamos en mil quince?—Pero dijiste que escribirías mil diecisiete.—Mil diecisiete, mil quince… ¿Qué más da?—Sólo te faltan dos.—Ya, pero es que ya no puedo más.
—Mil quince. ¿Y si lo dejamos en mil quince?—Pero dijiste que escribirías mil diecisiete.—Mil diecisiete, mil quince… ¿Qué más da?—Sólo te faltan dos.—Ya, pero es que ya no puedo más.